jueves, 18 de febrero de 2010

CÓMO SER UN MEJOR FORMADOR


16 formas para lograrlo

Si uno no lo siente, no puede expresarlo

a través de ningún instrumento.

Charlie Parker (Jazzista)


1. La cuestión son ellos, no usted.

Algunos profesores se ven a sí mismos como los elegidos, cuya labor es imponer sus conocimientos ante un grupo de receptores. Están muy equivocados. Los mejores formadores se consideran guías. Comparten lo que saben y tienen presente que ellos no son lo más importante. Sus receptores lo son.

No es que el formador no importe. Lo que significa es que el formador en lugar de preguntarse: ¿Qué voy a hacer hoy?, se pregunte: ¿Qué van a hacer mis estudiantes hoy?

2. Conozca a su auditorio.

Conocer la materia no es suficiente. Como formador, usted debe conocer a las personas a las cuales les está enseñando, como por ejemplo: sus capacidades, experiencia anterior y necesidades. De otra forma, ¿cómo va a estar seguro de lo que ellos ya saben y de lo que necesitan aprender? Sepamos primero: ¿Dónde están?, ¿Qué bases tienen para empezar?

3. Los estudiantes toman riesgos cuando los profesores crean un ambiente seguro.

Hay que ofrecer un ambiente cálido. Generar empatía. Disminuir la ansiedad. Romper el hielo. Establecer una relación de confianza. No olvidemos que el sarcasmo produce temor, y los estudiantes no quieren quedar en ridículo. El ambiente de trabajo debe ser agradable tanto emocional, intelectual como psicológico.

4. Los buenos profesores reflejan pasión y objetivos. La diferencia entre un buen profesor y un profesor excelente no es la experiencia, es la pasión.

Pasión por los temas, pasión por enseñar. No olvidemos que el entusiasmo contagia. Si se trabaja con ganas, los receptores se conectan de inmediato.

5. Los estudiantes aprenden cuando los profesores les muestran cuánto tienen que aprender.

“Cuando el estudiante está listo, debe aparecer el maestro”, dice un refrán. Hay personas que no ven la gran brecha que hay entre lo que saben y lo que deberían saber. Uno de los objetivos principales del buen formador es hacerlos conscientes de esa brecha.

6. Sea claro aun cuando el tema sea difícil.

Uno de los mayores atributos de un formador excelente es su habilidad para analizar una idea compleja, dividirla en partes y hacerla comprensible. No olvidemos que el asunto más importante para el formador, es que lo entiendan.

7. Ponga en práctica la vulnerabilidad sin perder credibilidad.

Para algunas personas, ser formador significa que se las sabe todas. Cualquier signo de vulnerabilidad o desconocimiento se considera una debilidad. La mejor respuesta que un formador puede dar a veces es: No sé. En lugar de perder credibilidad, ese formador gana la confianza de los presentes y esa confianza será la base de una relación muy productiva. No olvidemos que las personas desconfían de los que piensan que todo se lo saben. Lo toman como formadores deshonestos. Reconocer lo que uno no sabe demuestra que todavía tiene cosas por aprender, es decir, que el formador también es estudiante. Es importante manifestar que aun cuando no tener la respuesta para todo es aceptable, la gente espera que uno tenga a la mano la respuesta para ciertos asuntos. Tampoco resulta bueno que la gente esté comentando: ¿Por qué tienen a esta persona como formador?

8. Enseñe con el corazón.

La mejor enseñanza es personal, no tiene fórmulas. Cada formador enseña de diferentes maneras, dependiendo del auditorio y de su visión acerca del mundo. “Enseñamos lo que somos”, dice el refrán. El acto de enseñar supone la valentía de explorar el propio sentido de identidad. Si uno no se conoce completamente a si mismo, no puede conocer a su auditorio y por ende no puede conectarse con ellos.

9. Repita los puntos importantes.

Si usted quiere que su auditorio recuerde lo explicado, tiene que repetirlo más de una vez. No olvidemos que la “repetición es la madre de todo aprendizaje”. La primera vez que uno dice algo, lo escuchan. La segunda vez ya lo reconocen y la tercera vez lo aprenden. El desafío consiste entonces en ser recurrente, sin llegar a volverse aburridor. Los buenos formadores siempre serán interesantes, porque se ingenian nuevas formas de expresar las mismas ideas.

10. Los buenos formadores hacen buenas preguntas.

Los formadores acertados saben que aprender se refiere a explorar lo desconocido y que dicha exploración comienza por hacer preguntas. No se trata de preguntas que respondan a un si o un no, sin despertar el ánimo de discusión. Se trata de preguntas que abren la puerta a un entendimiento más profundo, tal como: ¿Qué significa este proceso? ¿Por qué?

11. No se trata de repartir información. Se trata de enseñarle a pensar a la gente.

Lo último que uno debe hacer es pararse delante de la gente y decirle qué tiene que hacer, o darle las respuestas que uno quiere oír. A los mejores formadores les interesan menos las respuestas, que el contenido que hay detrás de ellas. Lo que los formadores tienen para ofrecer es un “punto de vista que se puede enseñar”. En otras palabras, el formador observa a su auditorio para ver cómo interpreta la información y reflexiona sobre los problemas.

12. Deje de hablar y escuche.

Una forma de demostrarles que uno se preocupa y se interesa por ellos, es escucharlos. Debe ser un diálogo, no un monólogo. Escuche, no se afane en dar la respuesta. “Si uno quiere ser un buen formador, tiene que darles espacio a las intervenciones, y acomodarse a los silencios”, dice el refrán. En estos momentos de receptor, a veces se generan los pensamientos más productivos. No los interrumpa.

13. Aprenda a saber qué debe escuchar.

Al escuchar, comprenda tanto el mensaje como el sentimiento. Ello es escuchar con empatía. De esta manera se sabe que hubo interpretación del caso, pero también qué es lo que siente la gente. No solamente son las cifras o datos, es importante saber qué les produce satisfacción y qué los frustra.

14. Permita que sus estudiantes se enseñen unos a otros.

Usted no es la única persona de quien aprenden sus estudiantes. Ellos también aprenden por sí solos y de sus compañeros. No olvidemos que a lo mejor uno de los compañeros tiene un concepto que los otros nunca habían pensado; tal vez sea una idea con la cual puedan construir algo importante. Todo el mundo tiene una parte de información pertinente, lo que hace de cada persona un maestro y un aprendiz.

15. Evite utilizar la misma táctica para dirigirse a todas las personas.

Los buenos formadores piensan que cada estudiante tiene capacidad de aprender y que cada estudiante aprende en forma diferente. Algunos en forma visual; otros alcanzan la información en forma abstracta; otros aprenden mejor, cuando leen. El buen formador adopta una aproximación multidimensional, algo así como: lanzarle al grupo una pregunta de selección múltiple, utilizar el tablero, mostrar una diapositiva, pedirle al grupo que escriba, pedirle al grupo que explique su respuesta.

16. Nunca deje de enseñar.

Hay que mantenerse lejos de la actitud de estar dominado por el horario, o sea que los demás me interesan, que me interesa que todo quede claro. Hay un dicho proveniente de Israel que explica lo siguiente: “Más grandes que las ansias del ternero por alimentarse, son las ansias de la madre por alimentar a su cría”.

¡Clase, pongan atención!

Autor: Check Salter

Adaptación:

Oscar Hernán Correa

Director Académico

Escuela Latinoamericana de Liderazgo


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